La invitación para celebrar de nuevo en este ámbito La noche de los libros añade uno más a la lista de agradecimientos que debo al museo de El Prado. Su generosidad me permite hoy dar continuidad a un gesto lector habitual, pero de frecuencia variable, devolver el libro a su original espacio de espera. Restituyo, pues, el libro a un lugar mudable: formal como la librería o improvisado por el apresuramiento cuando la eventualidad transforma en estantería cualquier superficie a nuestro alcance y hace buenos para la ocasión la mesa, la silla o el suelo. Mi propósito hoy es restituir al orden de sus bibliotecas o al desorden vital de lo que se ofreció al lector como un anaquel espontáneo, los libros que hojeamos en esta misma sala hace un año al hablar de El libro en el lienzo.

En mi línea de investigación, reflexionar sobre el sentido y el trasfondo cultural de la ordenación del espacio librario a través de su representación plástica, obliga a considerar varios elementos con un mismo nivel interpretativo para aproximar un entendimiento global de lo que vemos representado. Es imprescindible en este análisis considerar como un conjunto los sistemas de ordenación del conocimiento y sus instrumentos de acceso -índices, catálogos, etc.-, la arquitectura y las artes decorativas y todo lo que documenta los cambios en educación, industria y comercio del libro, hábitos lectores y coleccionistas, sociedad y economía porque es la forma de explicar el alcance simbólico y representativo de bibliotecas, librerías formales o casuales.

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